Nidos de Hornero en la Dordogne
- Luisa Leborgne
- 15 sept 2025
- 3 Min. de lectura
Proyecto de Residencia en La Moissie Creative Residency, Belves, Francia. Junio 2025.

Al llegar a la residencia, ubicada en Belvès; una comuna francesa situada en el departamento de Dordoña, de la región de Nueva Aquitania, me invadieron preguntas de desconcierto. ¿Dónde estoy? ¿qué hago aquí? ¿por qué vine? ¿de dónde vengo? ¿qué me conecta con este lugar? ¿qué traigo conmigo?
La Moissie es una residencia en un espacio único, escondido en un pequeño pueblo medieval del suroeste de Francia, que acoge y promueve el proceso creativo de artistas de todo el mundo. Yo fui la única artista proveniente de Sudamérica y de Montevideo, Uruguay, a 10.500 km de distancia.

Los Horneros (Funarius) son especies nativas de América del Sur que se caracterizan por construir sus propios nidos de barro y paja, que tienen forma de horno de barro, lo que deriva a su nombre. Es un ave emblemática de la región y sus nidos se pueden encontrar en todas partes; desde postes de luz, ventanas, ejsculturas y monumentos públicos, techos, árboles, entre otros soportes elevados y abiertos. Construyen sus nidos en pareja, y suelen construir uno por cada período de gestación. Suelen crear primero la base, luego las paredes laterales y el techo, y luego una pared divisoria donde la hembra pone los huevos. Esta pared los protege y los cubre. Para realizar los nidos, seguí el mismo orden de acciones que los pájaros. Un hornero no usa un mismo nido 2 veces, por lo cual los nidos luego son habitados para otras especies.

Me apropio de un símbolo sudamericano y lo traslado, descontextualizado, a un territorio distante. Construyo mis propios nidos con la tierra de una casa del siglo XVII, cargada de otra historia y otra cultura. Al intervenir el pueblo con estas formas, llevo conmigo la identidad de mi país y cuestiono las nociones de migración, desarraigo y hogar.
El gesto de hacer un nido -de edificar un refugio allí donde uno se encuentra- se convierte así en una reflexión sobre el acto mismo de habitar. Mi intervención dialoga con la memoria y la historia del lugar. En Francia, el hornero no existe: no es originario, no pertenece. Su ausencia resuena con mi propia experiencia: soy la única persona proveniente de América del Sur, y en particular de Uruguay.
De este modo, al emplazar cada nido, construyo también el mío. En este nuevo entorno, levanto mi propio hogar.

Para realizar los diferentes nidos fui extrayendo tierra de diversos lugares del jardín. Fui probando la del lado Norte - húmeda, crece mucha planta nativa y salvaje - y la del lado Sur - seca, se quiebra, muy arcillosa y cuesta que filtre el agua. Encontré que la más resistente era la del jardín norte, pero fui mezclándola con tierra que se encontraba bajo árboles frutales, ya que era más resistente.

Fui colocando los nidos en los espacios que habitaba y recorría cotidianamente, desde rincones del jardín hasta sitios habituales del pueblo.

Los nidos con varios días de secado al sol de verano fueron endureciéndose y haciéndose fuertes. Muchos siguen en pie hasta el día de hoy (setiembre 2025). Sin embargo, en la última semana de la residencia, una fuerte tormenta tropical cayó y deformó varios de los nidos, destruyendo el grande que se encontraba en la piscina.
Propone una nueva narrativa sobre la forma en que habitamos el mundo: una identidad que se construye en movimiento, como un nido que se reconstruye cada vez que llegamos a un nuevo lugar.






















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