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Nigredo

6 ago
3 min de lectura

Actualizado: 18 ago

(2024-2026).

120 esferas de cerámica modeladas a mano, horneadas en raku y ahumadas, agua, tinta al agua, caños siliconados, módulo relé, arduino, electro válvulas, aireador de acuífero. 

Dimensiones: 250 × 125 × 30 cm



Parte de la exposición Limo Abisal; muestra bipersonal con Agustín Canessa y curaduría de Lucía Pittaluga en Universal: Piedras 544, Ciudad Vieja. Inauguración: 6 de agosto.


Fotografía Sabrina Srur
Fotografía Sabrina Srur

Sobre la obra por Lucía Pittaluga:


Memoria del fuego fértil

Luisa Leborgne


Agua negra, animal de olvido.

Alejandra Pizarnik

 

 

Al molusco le resulta imposible expulsar la partícula o el parásito irritante que penetra en la ostra. Como defensa, el manto responde segregando nácar capa tras capa, recubriendo el cuerpo extraño y aislándolo. La perla es una defensa a ese cuerpo extraño que la invade y que la convierte en una herida transformada.


Luisa Leborgne parte de este proceso biológico del dolor transformado, para desplegar una instalación donde lo inerte aún respira. Como en un laboratorio alquímico refiere a la Nigredo, primera fase de la transformación, el ennegrecimiento de la materia, su descomposición y la putrefacción necesaria para hacer posible una nueva vida.

La perla entonces, deja de ser un ornamento y un símbolo de belleza, para convertirse en huella, en duelo y en trauma imposible de expulsar.

 

La artista se empecina en crear belleza al igual que el molusco, las heridas que necesita el Rakú para existir son el vehículo ideal para solidificar su acto de creación.

Cuando era niña, recuerda los secretos, donde lo intangible quedaba ligado inextricablemente a ciertas cosas visibles, espacios donde refugiar ciertos dolores, profundas penas.

Sus caparazones, huevos primigenios o pequeños nidos, remiten a un acto de reinvención, donde el objeto trasciende la estética de la cerámica como técnica tradicional milenaria, para alcanzar la esencia misma del signo y la memoria.

La maleabilidad de la arcilla, la fuerza de los fuegos que requieren el Rakú* y la quema**, permiten explorar territorios donde en su elaboración, el gesto artístico se convierte en performance: de lo íntimo a lo ritual.

 

La materia encuentra su presencia como prolongación de la experiencia humana, donde la presión de la mano, la cicatriz, la serialidad y la energía con que el objeto fue realizado, nos exigen una mirada sutil para detectar diferencias mínimas sobre esa masa de energía.

Memoria del fuego y del humo. La cerámica se sumerge en el ambiente líquido para una segunda gestación, lo que generalmente entendemos como fin del proceso, se convierte en el comienzo de otro. Lo que no nace aún, aprende otra materia más persistente: rezumar la belleza como vehículo de supervivencia.

 

A lo largo de la historia del arte, el agua evoca a nuestra conciencia colectiva. Dominada por la ciencia, sublimada por los poetas, el agua aparece como un recurso vital para la existencia y como elemento recurrente para la imaginación artística.

Para los pueblos originarios de América, el agua trasciende la concepción de recurso natural y se vuelve un elemento sagrado.

Gastón Bachelard refiere al agua oscura como materia imaginante, donde el mundo no se ve reflejado, sino que es absorbido. Y es en esas aguas donde, para él, existe la potencia del sueño y la melancolía. En la mitología egipcia, el Nun era el océano cósmico y el caos infinito que existía antes de la creación. En ese abismo oscuro de aguas primordiales, emergió la primera colina sólida (el Benben) que dio origen a los dioses y al orden del mundo.

 

Luisa propone un espacio poético donde vierte el líquido denso convirtiéndolo en metáfora de la vida. A través de los cuatro elementos (agua, fuego, tierra, aire) la profundidad se resiste a la transparencia y en su opacidad, exige habitar la diferencia.

Tal vez sea en ese pequeño movimiento de las aguas oscuras donde la Nigredo abre paso al siguiente estado y desde el fondo, el agua respira para no estancarse del todo, buscando su cauce, impulsada por una potencia invisible que moviliza y empuja, incluso cuando todo parece inmóvil.

 

*Cerámica Rakú, es una técnica milenaria de cocción cerámica originaria de Corea y que llega a Japón en el siglo XVI. Relacionada directamente a la ceremonia del té, se consideran a Chojiro y Sen no Rikyu, (poeta y maestro de la ceremonia del té) como sus creadores. Consiste en extraer las piezas cerámicas del horno cuando están al rojo vivo (aprox. 950 °C) y someterlas inmediatamente a una reducción de oxígeno en un contenedor con materiales combustibles. Cada pieza de Rakú es única debido a la naturaleza impredecible del proceso de reducción.

 

**Quema de la cerámica, consiste en colocar la cerámica (ya horneada) en un contenedor con aserrín, materiales orgánicos, sulfato de cobre, sal y luego encender un fuego, permitiendo que el humo trabaje sobre la pieza.


Fotografía Sabrina Srur



 
 

Montevideo, Uruguay.

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